RELACION FAMILIA ESCUELA


RELACION FAMILIA ESCUELA 

La relación entre la familia y la escuela ha ido cambiando con el paso del tiempo y actualmente se considera uno de los aspectos más importantes dentro del proceso educativo, especialmente en la etapa de Educación Infantil. Los niños y niñas no aprenden únicamente en el aula, sino también en casa y en el entorno social en el que viven. Por ello, la coordinación entre ambos contextos resulta esencial para favorecer un desarrollo integral y coherente del alumnado. Cuando familia y escuela colaboran de forma conjunta, se crea un ambiente educativo más estable y seguro para el niño, favoreciendo tanto su desarrollo emocional como social y académico (Epstein, 2011).

Tradicionalmente, la relación entre la familia y la escuela era mucho más distante y limitada. Hace varias décadas, la escuela se entendía principalmente como la institución encargada de transmitir conocimientos académicos, mientras que la familia tenía la responsabilidad de educar en valores y normas básicas de comportamiento. El profesorado ocupaba una posición de autoridad muy marcada y las familias apenas intervenían en las decisiones educativas del centro. La comunicación entre ambos contextos solía producirse únicamente en reuniones puntuales, tutorías o cuando surgía algún problema relacionado con el comportamiento o el rendimiento del alumnado. En general, existía una clara separación entre las funciones de la escuela y las de la familia.

Este modelo educativo estaba influido por una sociedad más tradicional, donde las estructuras familiares eran más estables y homogéneas, y donde la figura del docente gozaba de una autoridad social incuestionable. Además, muchas familias tenían menos acceso a la educación y a la información pedagógica, por lo que confiaban plenamente en el criterio del profesorado. La participación familiar dentro de los centros escolares era escasa y prácticamente inexistente en algunos casos.

Sin embargo, en la actualidad esta situación ha cambiado considerablemente. Hoy en día, la educación se entiende como una tarea compartida entre la familia y la escuela. Diversos estudios destacan que la implicación familiar influye positivamente en el aprendizaje, la motivación y el bienestar emocional del alumnado (OECD, 2012). Las familias participan más activamente en la vida escolar mediante tutorías frecuentes, actividades del centro, asociaciones de madres y padres y una comunicación más constante con el profesorado. Además, las escuelas buscan establecer relaciones cercanas y de colaboración con las familias para atender mejor las necesidades individuales de cada niño.

Este cambio se ha producido por diferentes motivos sociales, culturales y tecnológicos. En primer lugar, la sociedad actual es mucho más diversa que hace años. Existen distintos modelos familiares, cambios en los estilos de crianza y nuevas necesidades educativas que requieren una mayor coordinación entre ambos contextos. También ha aumentado la conciencia sobre la importancia de las emociones, la atención individualizada y el desarrollo integral del alumnado, especialmente en Educación Infantil, donde el vínculo afectivo y la estabilidad emocional son fundamentales.

Otro de los factores que ha transformado la relación familia-escuela ha sido el avance de las nuevas tecnologías. Actualmente, la comunicación entre familias y docentes es mucho más rápida y continua gracias al uso de aplicaciones educativas, plataformas digitales, correos electrónicos o grupos de comunicación. Esto facilita el intercambio de información sobre el progreso del alumnado y permite una colaboración más inmediata y cercana. Además, los niños y niñas crecen rodeados de pantallas, dispositivos móviles e internet, lo que hace necesario que tanto la escuela como la familia trabajen juntas para enseñar un uso responsable y adecuado de las tecnologías desde edades tempranas (UNICEF, 2017).

No obstante, aunque las tecnologías ofrecen múltiples oportunidades educativas, también plantean desafíos importantes. Un uso excesivo o inadecuado de las pantallas puede afectar al desarrollo social, emocional y físico de los niños, especialmente en edades tempranas. Por ello, es fundamental que familia y escuela mantengan criterios comunes sobre el uso de la tecnología y fomenten experiencias esenciales en Infantil como el juego, la interacción social, la creatividad y el movimiento.

En definitiva, la relación entre familia y escuela ha evolucionado desde un modelo más separado y jerárquico hacia otro basado en la colaboración, la comunicación y la participación conjunta. Actualmente, ambos contextos comparten la responsabilidad educativa y trabajan de manera coordinada para favorecer el desarrollo integral del niño. Esta colaboración resulta especialmente importante en Educación Infantil, ya que en esta etapa se construyen las bases emocionales, sociales y cognitivas del aprendizaje futuro.

Referencias bibliográficas

  • Epstein, J. L. (2011). School, family, and community partnerships: Preparing educators and improving schools. Westview Press.
  • OECD. (2012). Let’s read them a story! The parent factor in education. OECD Publishing.
  • UNICEF. (2017). The State of the World’s Children 2017: Children in a Digital World. UNICEF.
  • Bronfenbrenner, U. (1987). La ecología del desarrollo humano. Paidós.
  • Bolívar, A. (2006). Familia y escuela: dos mundos llamados a trabajar en común. Revista de Educación, 339, 119-146.



 Comentario del artículo

Enlace del articulo :https://campusvirtual.uclm.es/pluginfile.php/1303915/mod_resource/content/2/FAMILIA_La%20participacion%20de%20padres%20y%20madres.pdf

El artículo trata sobre la importancia de la participación de las familias en la escuela actual, especialmente en una sociedad que ha cambiado mucho en los últimos años. Explica que ya no existe un único modelo de familia y que la escuela tampoco puede seguir funcionando como antes, porque los niños y niñas aprenden también a través de otros espacios, como las pantallas, el entorno social y los medios de comunicación. Por eso, la autora defiende que familia y escuela deben trabajar juntas, con más comunicación, compromiso y confianza, para acompañar mejor el desarrollo y la educación de los niños y niñas.

El artículo me ha parecido bastante interesante porque habla de algo que, como futura maestra de Educación Infantil, considero fundamental: la relación entre la familia y la escuela. Hoy en día las familias han cambiado mucho y ya no podemos pensar en un único modelo familiar, sino en muchas formas distintas de familia. Por eso, la escuela tiene que adaptarse a esta realidad y no trabajar aislada, sino en colaboración con madres, padres y tutores.

Una idea que me ha llamado la atención es que la escuela ya no es el único lugar donde los niños y niñas aprenden. Ahora reciben mucha información de la televisión, las pantallas, internet y del entorno en general. Por eso creo que la función de la escuela no debe ser solo transmitir conocimientos, sino ayudar a que los niños aprendan a convivir, a respetar normas, a relacionarse con los demás y a desarrollar autonomía.

Desde mi punto de vista, en Educación Infantil la participación de las familias es todavía más importante, porque los niños están en una etapa en la que necesitan mucha seguridad emocional. Si la familia y la escuela van en la misma dirección, el niño se siente más acompañado y confiado. Además, las maestras podemos conocer mejor a cada niño si mantenemos una buena comunicación con su familia.

También me parece importante lo que se comenta sobre la sobreprotección. A veces las familias, con buena intención, protegen demasiado a los niños, pero eso puede dificultar que sean autónomos. En Infantil es necesario acompañarlos, pero también dejar que intenten hacer cosas por sí mismos, que se equivoquen y que aprendan poco a poco.

En conclusión, creo que el artículo invita a reflexionar sobre la necesidad de que escuela y familia trabajen juntas. La educación no depende solo del profesorado ni solo de las familias, sino que es una tarea compartida. Como futura docente, me parece esencial crear un clima de confianza con las familias, escucharlas y hacerlas partícipes del proceso educativo de sus hijos e hijas.


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