Como
conclusión, el estudio de la pedagogía y la sociología me ha ayudado a
comprender mejor que la educación no se puede entender solo desde dentro del
aula. La escuela forma parte de una sociedad concreta, con cambios
tecnológicos, familiares, culturales y económicos que influyen directamente en
la vida de los niños y niñas. Por eso, educar no consiste únicamente en enseñar
contenidos, sino también en conocer el contexto del alumnado, acompañarlo y
ofrecerle oportunidades reales de desarrollo.
Desde la
sociología de la educación he aprendido que no todos los niños parten de la
misma situación. Factores como la familia, el nivel económico, el acceso a la
tecnología, la cultura o el entorno social pueden influir en su experiencia
escolar. Autores como Bourdieu explican que la escuela puede reproducir
desigualdades si no se tienen en cuenta estas diferencias (Bourdieu, 1977). Por
eso, como futura docente, considero importante mirar más allá del
comportamiento del niño y tratar de entender qué realidad hay detrás.
También me ha
parecido fundamental la idea de que la escuela puede ser un espacio de cambio.
Aunque la educación puede transmitir normas y valores sociales, como señalaba
Durkheim (1922), también puede ayudar a construir una sociedad más justa si se
trabaja desde la inclusión, la igualdad y el respeto a la diversidad. En
Educación Infantil esto es especialmente importante, porque es una etapa en la
que se empiezan a formar hábitos, relaciones, emociones y formas de convivir.
En relación con
la pedagogía, he comprendido que el papel del maestro no se limita a explicar
actividades. El tutor observa, acompaña, orienta, crea un clima seguro y
mantiene una relación cercana con las familias. La familia es el primer
contexto educativo del niño, por lo que la colaboración entre escuela y familia
resulta esencial para favorecer su desarrollo (Bronfenbrenner, 1979; Epstein,
2018). Esta relación debe basarse en la confianza, la comunicación y el respeto
hacia los distintos modelos familiares.
Otro aspecto
importante es la presencia de la tecnología en la sociedad actual. Vivimos en
una sociedad donde hay mucha información disponible, pero eso no significa que
siempre sepamos utilizarla correctamente. Por eso, la escuela debe ayudar al
alumnado a desarrollar un uso crítico, responsable y seguro de las TIC (UNESCO,
2023). En Educación Infantil, la tecnología puede ser un recurso útil, pero
siempre debe estar adaptada a la edad de los niños y no sustituir el juego, la
manipulación, el movimiento ni las relaciones personales.
Además, los
temas sobre convivencia y conflicto me han hecho entender que los conflictos no
siempre deben verse como algo negativo. Forman parte de la vida del aula y
pueden convertirse en una oportunidad para aprender a dialogar, escuchar,
respetar turnos, expresar emociones y buscar soluciones comunes (Torrego,
2006). Por tanto, la convivencia no significa que no existan problemas, sino
aprender a gestionarlos de forma educativa.
En definitiva,
este trabajo me ha servido para ver la educación de una manera más amplia y
realista. Ser maestra de Infantil no es solo enseñar, sino también observar,
comprender, acompañar y adaptarse a las necesidades de cada niño y niña. La
pedagogía aporta las herramientas para intervenir en el aula, mientras que la
sociología ayuda a entender el contexto social que rodea al alumnado. Ambas
disciplinas son necesarias para construir una escuela más inclusiva, cercana y
comprometida con el desarrollo integral de la infancia.
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